Síndrome de Harry Benjamin, Transexualismo, SHB, HBS
01 Parte 1 16/02/2010
 
001 Un evento trágico te puede poner en alerta.

Una llamada telefónica en la mañana de un frio sábado de diciembre de 1999 hizo que mi rutinaria vida, hasta ese momento detenida en una zona de comfort, cambiara rápidamente.

Me avisaron que uno de mis mejores amigos había fallecido -Avísale a la familia, a todos que vengan por favor. "Arthur" falleció..." Luego de colgar me convertí en una especie de robot que se dedicó a avisarles a familiares y amigos de ese trágico acontecimiento.

Por mi mente pasaban muchas ideas, quería regañar a la persona que me había pasado la noticia, decirle que se pasaba, que no hiciera esas bromas tan pasadas  y luego reirme de ello. Pero no era así. Sabía muy bien que nunca nos hacemos ese tipo de bromas entre nosotras y... sobre mi amigo comenzaba a recordar varias cosas.

Lo había visto 15 días antes en una fiesta cumpleaños y me sacó mucho de onda verlo sentado, cabisbajo, demacrado, apenas sonriendo y aún así afectuoso. ¿Qué ocurría con el alma de las fiestas? Esa noche se despidió muy temprano ¡más temprano que yo!, le ofrecí entonces  acompañarlo a su casa pero luego de un titubeo me dijo que no era necesario, que el amigo con quien venía lo llevaría, esa fue la última vez que lo vi con vida.

Regresando a mis pensamientos de ese sábado sólo recordé que por teléfono me dijeron "murió de neumonía".

Tardé en llegar a su casa, su familia y la mía eran muy cercanas años antes, fiestas, salidas a excursiones, cumpleaños, navidades, años nuevos, día de reyes, momentos tristes también, etc.

A él lo conocía desde que yo tenía 6 años y fuera de algún pleito de niñez, siempre terminábamos jugando.

Entré en la sala y vi a mi papá sumamente afligido, leyendo su libro de oraciones, no recuerdo haberlo visto así. No pude dejar de sentirme culpable por haber intentado dejar esta vida hacía un par de años. El dolor que ese día vi en mi papá  hizo preguntarme qué habría pasado si yo hubiera logrado mi fin..., no se pero me sentí bastante mal de haber podido provocar ese sufrimiento a mi familia.

Y tendido aún en una improvisada mesa y rodeado de pétalos estaba "Arthur", como dormidito.

Podría abrazar su cuerpo pero él ya no estaba ahí, sencillamente no podía creer que no le volvería a hablar, ni ver, ni hacerlo rabiar, ni bromear con él, platicar nuestras loqueras, el último vídeo, el nuevo c.d.

Ahora para hablarle tendría que recurrir a la oración confiando en que en algún lugar del cielo me escucharía.

Me pidieron que fuera por algunos objetos de él a su recámara, lo iban a vestir con su traje nuevo. Subí por lo que me pidieron pero los amigos de "Arthur" se me quedaron viendo con ojos de ¿Quién es para ir, subir y entrar? El papá de "Arthur" me dijo, sí ve.

Recordé entonces a uno de ellos me lo había presentado dos años atrás, precisamente cuando yo tuve esa crisis en que intenté dejar la vida. "Arthur" estuvo conmigo, me tendió la mano. Me dijo que él también había querido hacer lo mismo, por cuestiones diferentes a la mía  que no me aclaró en ese momento.

El funeral siguio su curso como es costumbre en Xochimilco, una total romería, gente entrando y saliendo, saludando, dando condolencias, el aroma de los nardos y la cera quemándose.

Yo como buena antisocial comencé a engentarme, decidí retirarme con mi hermana una vez que terminara el Rosario  y cenáramos el clásico café y pan  entre familiares y amigos.

De regreso a casa sólo pensaba en que la vida de mi amigo había terminado y la mía estaba como que en standby debido a un requisito médico que en realidad había dejado de funcionar desde hacía 20 años y la falta de conocimientos de mi terapeuta me habían  hecho tener que martirizar en sesiones mi propio ser durante el escrupuloso periodo de 2 años que pedía el infame DSM.

Recordé entonces que "Arthur" había dejado de ponerse metas realmente relevantes, se conformaba con cosas materiales como el nuevo VHS con sonido super waw acompañado del mejor equipo de sonido del momento para ver solamente películas originales en una pantalla gigante. como en el cine.

A lo mejor arreglar mejor su cuarto, a lo mejor llegar a hacer algo más en el escalafón de la burocracia.

Ese día lo entendí, si no... ¿Se habría detenido en aprender alemán o dejado su carrera en la Universidad o el coro o aprender a mezclar como todo buen DJ?

Al día siguiente después del funeral me regresé sola a casa caminando, la verdad no quería hablar con nadie. Me sentía triste y con esa rara sensación de vacío, pero también me sentía mal conmigo misma. Dejé que la lluvia volviera a mojarme a pesar del frío, disfruté del olor a tierra húmeda y del que desprenden las hierbas al mojarse, pisar el pasto y ensuciarme los zapatos de lodo y escuchar los pájaros gorjear; agradecí estar viva y poder solucionar un problema que había minado cada parte de mi vida. La lección que recibí ese día por parte de la vida misma tenía que hacerla valer.

Decidí ponerme un poco rebelde a las reglas que no se quien había puesto y tomar las riendas de mi vida. Desde el siguiente lunes, todo comenzaría a cambiar. Había que ir a casa a arreglar todo para iniciar un camino diferente pero necesario.

02 Info! Info! Info!
Al siguiente día comencé a buscar más información en la red. Imprimí algunas páginas para leerlas con más calma.

Por la tarde tuve mi cita con mi psiquiatra a quien le platiqué lo que había ocurrido el fin de semana. Le dije que ya en ese momento los únicos amigos que conservaba desde mi infancia habían muerto.

En ese momento me dí cuenta de que de ese pequeño grupito de infantes solamente quedaba yo con vida.

Mi psiquiatra estaba por iniciar la terapia de duelo que viene después de momentos como este pero la interrumpí.

Al final de cuentas ya había recorrido el mismo camino cuando mi mamá falleció y cuando mi otro amigo fallecieron.

Le dije que me sentía mal por la muerte de Arthur, pero que yo hasta ese momento también me sentía muerta y que ya era tiempo de resolver de una vez por todas el problema del transexualismo.

Desde luego ella me hizo un recuento de todas las cosas que había logrado en los casi 2 años de terapia, habia vuelto a llegar hasta donde normalmente no cualquier persona llega, el trabajo, la universidad, el teatro, el canto. Si, pero me seguía sintiendo incompleta, todavía vacía, jugando al teatro barroco y presta a recitar a Calderón de la Barca o a Santa Teresa. Harta y triste. La muerte de Arthur me había abierto los ojos.

Continué frecuentando a mi psiquiatra por un tiempo más. La ayuda que me había dado para enfrentar mi miedo a tener contacto con la gente, al éxito, mi problema de autoestima habían sido superados y ya era manejable toda situación caótica que se me presentara. Aunque unos añitos más tarde toda esa construcción de palabras caerían ante un ambiente social hostil.
 


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    A s i r i

    Un poco de mi historia, utilizaré la imaginación, la metáfora, el sarcasmo, reirme un poco de mí misma... ! y de todo mundo también pues qué caray !... y claro no podían faltar la realidad y la verdad (relativa) misma.
    Sobre mi propio blog,
    opino... Un mal viaje con chocolate!.


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